Fin
El señor Koreander lo acompañó hasta la puerta. Cuando salió, Bastián vio, a través del letrero invertido del cristal, que su padre lo esperaba al otro lado de la calle. El rostro de su padre resplandecía.
Bastián abrió con fuerza la puerta, con lo que el racimo de campanillas de latón se puso a repiquear locamente, y corrió hacia aquel resplandor.
El señor Koreander cerró la puerta con cuidado y los siguió con la vista.
- Bastián Baltasar Bux - gruño - : si no me equivoco les vas a enseñar a muchos el camino de Fantasia para que puedan traernos el Agua de la Vida.
Y el señor Koreander no se equivocaba.
Pero ésa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.
La Historia Intermianble (Michael Ende)






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