Avión
Siempre que subo a un avión, en algún momento del vuelo un recuerdo reclama un sitio en mi mente, y se sienta frente a mí, para recordarme, por si me había olvidado, algunas lecciones importantes que aprendí en el pasado. Estás como muchas otras se pueden aplicar en muchos momentos, en mas de lo que a veces imagínanos aunque lo hacemos en menos de los que debemos.
Siendo mi padre Guía de Turismo, he tenido la suerte de viajar en avión desde muy pequeño y por ello puedo recordar decenas de vuelos, prácticamente desde los momentos en los que la neblina de mi pasado se empieza a despejar, dejando que se formen recuerdos completos y no simples imágenes sueltas.
Recuerdo que cuando era un niño y subía a un avión estaba totalmente impresionado por su capacidad de volar, sobre todo por el hecho de despegar y aterrizar, esa sensación de fuerza tan intensa, que te libera o ata al suelo me dejaba totalmente sin aliento. Yo con mi corta edad pensaba que lo mejor que podía hacer ante algo así era oponerme, y según la aceleración me empujaba hacía mi asiento, yo trataba con todas mis débiles fuerzas de empujar hacía el otro lado, ni decir que tiene que esto se volvía terriblemente complicado, cansado e incomodo.
Si embargo un día algo acudió a mi mente, como si fuera mi propio subconsciente hablándome: ¿Por qué no te dejas llevar por el movimiento y que este mismo te haga reposar en tu asiento? Así me relajé todo lo que pude y me deje caer en el respaldo, justo antes del despegue, y una vez en medio de el me di cuenta de que esto no costaba nada, de que estaba realmente cómodo y disfrutando de la sensación, que no requería ninguna oposición sino tan solo dejarse llevar.
Quizás hoy sea también momento para no ir en contra de una fuerza que nos empuja, sino de dejarnos llevar y disfrutar con ello del momento.
Siendo mi padre Guía de Turismo, he tenido la suerte de viajar en avión desde muy pequeño y por ello puedo recordar decenas de vuelos, prácticamente desde los momentos en los que la neblina de mi pasado se empieza a despejar, dejando que se formen recuerdos completos y no simples imágenes sueltas.
Recuerdo que cuando era un niño y subía a un avión estaba totalmente impresionado por su capacidad de volar, sobre todo por el hecho de despegar y aterrizar, esa sensación de fuerza tan intensa, que te libera o ata al suelo me dejaba totalmente sin aliento. Yo con mi corta edad pensaba que lo mejor que podía hacer ante algo así era oponerme, y según la aceleración me empujaba hacía mi asiento, yo trataba con todas mis débiles fuerzas de empujar hacía el otro lado, ni decir que tiene que esto se volvía terriblemente complicado, cansado e incomodo.
Si embargo un día algo acudió a mi mente, como si fuera mi propio subconsciente hablándome: ¿Por qué no te dejas llevar por el movimiento y que este mismo te haga reposar en tu asiento? Así me relajé todo lo que pude y me deje caer en el respaldo, justo antes del despegue, y una vez en medio de el me di cuenta de que esto no costaba nada, de que estaba realmente cómodo y disfrutando de la sensación, que no requería ninguna oposición sino tan solo dejarse llevar.
Quizás hoy sea también momento para no ir en contra de una fuerza que nos empuja, sino de dejarnos llevar y disfrutar con ello del momento.







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