Estrellas
Llega el verano y con ello la vuelta a las noches eternas, y en estos días, como en muchos otros, rescato de mi mente ideas dormidas, trazos en un esbozo temprano, que dibujan el contorno de mi mente, en esta, mi ventana al mundo.
Recuerdo noches de verano en un parque, con el cielo como única frontera, mirar las estrellas, y perder mi mente en ellas, noches como las de hoy, donde de vuelta a mi casa he podido contemplar un cielo algo distinto, pero igualmente inalterable.
Y en estas estrellas encuentro una magia perdida, basada en un pensamiento sencillo. Estrellas que están a miles de años luz de nosotros, que puede incluso no existir ahora, imágenes del pasado que han viajado hacia donde me encuentro, justo en el momento de mirar al cielo, y en ese viaje, cuyo comienzo puede estar tan lejos que las cifras no valen para cuantificarlos de maneras asimilables por nuestras mentes, cuantas cosas han pasado por mi vida.
Yo el niño que miraba con ojos despierto el cielo desconocido, yo el chico que recargaba energía en una pausa hacia el siguiente asalto en mi vida, yo el chico sin fronteras que en cualquier lugar del mundo quería poder decir que podía estar su casa, yo el chico enamorado que hubiera contado las estrellas del cielo por poder seguir contando las pecas de una piel moteada.
Y ahora, con casi 30 años cumplidos y con cosas por vivir y ya vividas, veo que el cielo sigue ahí, con su historia de pasado perdido y encontrado, con su viaje eterno que quizás en otro momento, se cruce con un yo cambiado que seguirá mirando el cielo y rescatando ideas dormidas para poder dibujar con ellas esbozos tempranos del contorno de mi mente.
Recuerdo noches de verano en un parque, con el cielo como única frontera, mirar las estrellas, y perder mi mente en ellas, noches como las de hoy, donde de vuelta a mi casa he podido contemplar un cielo algo distinto, pero igualmente inalterable.
Y en estas estrellas encuentro una magia perdida, basada en un pensamiento sencillo. Estrellas que están a miles de años luz de nosotros, que puede incluso no existir ahora, imágenes del pasado que han viajado hacia donde me encuentro, justo en el momento de mirar al cielo, y en ese viaje, cuyo comienzo puede estar tan lejos que las cifras no valen para cuantificarlos de maneras asimilables por nuestras mentes, cuantas cosas han pasado por mi vida.
Yo el niño que miraba con ojos despierto el cielo desconocido, yo el chico que recargaba energía en una pausa hacia el siguiente asalto en mi vida, yo el chico sin fronteras que en cualquier lugar del mundo quería poder decir que podía estar su casa, yo el chico enamorado que hubiera contado las estrellas del cielo por poder seguir contando las pecas de una piel moteada.
Y ahora, con casi 30 años cumplidos y con cosas por vivir y ya vividas, veo que el cielo sigue ahí, con su historia de pasado perdido y encontrado, con su viaje eterno que quizás en otro momento, se cruce con un yo cambiado que seguirá mirando el cielo y rescatando ideas dormidas para poder dibujar con ellas esbozos tempranos del contorno de mi mente.







Comentarios:
|<< Principal